El reflujo gastroesofágico se trata de una enfermedad muy frecuente en la población general que se caracteriza por sensación de quemazón retrosternal, pirosis (los famosos ardores o acidez) y regurgitación de alimentos o jugo gástrico que se confunden a menudo con vómitos.

Su causa subyace en una alteración anatómica de la unión del esófago y el estómago que hace que el esfínter esofágico inferior no se cierre adecuadamente cuando no se está deglutiendo y que el ácido, y a veces incluso la bilis, suban por el esófago, pudiendo llegar incluso a la boca.

Afecta a personas de todas las edades. En adultos los principales factores predisponentes son el sexo masculino y la obesidad.

Cuando no se trata, se produce inflamación de la mucosa del esófago (esofagitis) que, si se mantiene en el tiempo de manera crónica, puede llegar incluso a la degeneración maligna. Además, el reflujo gastroesofágico es responsable de problemas respiratorios graves, faringitis y lesiones del esmalte dental por el ácido que condiciona también la pérdida de piezas, afectando de manera muy significativa la calidad de vida de las personas que lo padecen.

Por todas estas razones, entre otras, el reflujo es una enfermedad grave que es necesario tratar. Las opciones de tratamiento son dos: médico y quirúrgico.

Tratamiento médico

Los inhibidores de la bomba de protones -PPIs- (omeprazol, pantoprazol, lansoprazol…) son la piedra angular del tratamiento de la enfermedad por reflujo gastroesofágico.

Curan la esofagitis asociada al reflujo y controla los síntomas en la mayoría de los casos.

Sin embargo, no debe olvidarse que el uso de los potentes inhibidores de la bomba de protones a altas dosis y por largo tiempo, debe ser cuidadosamente analizado, debido a la importancia de los potenciales efectos adversos que puede acarrear como anemia, hipomagnesemia (que puede desencadenar cuadros clínicos muy graves), alteración en la mineralización ósea y aumento de la incidencia de fracturas patológicas en varones.

Tratamiento quirúrgico

Consiste en la creación de un mecanismo antirreflujo en la unión del esófago y estómago combinando la reparación del ojal diafragmático y una plicatura del estómago.

En la actualidad más del 90% de estos procedimientos se realizan por laparoscopia lo cual ha supuesto un importante descenso de las complicaciones postoperatorias con respecto a las técnicas clásicas, considerándose, en manos expertas, una intervención de bajo riesgo.

Además, la cirugía es eficaz en el control del reflujo en más del 80% de los pacientes, teniendo como principales ventajas frente al tratamiento médico que permite un control completo del RGE patológico, tanto ácido como biliar, lo cual no consigue el tratamiento médico al no modificar las condiciones mecánicas defectuosas del esfínter esofágico inferior como hipotonía, hernia de hiato.

Asimismo, existen datos de estudios clínicos que indican que la cirugía protege mejor de la progresión maligna en los casos de riesgo. Además, la cirugía a largo plazo es más barata que el tratamiento con PPIs toda la vida y no presenta efectos secundarios metabólicos como el tratamiento médico a largo plazo.

“Las técnicas quirúrgicas actuales tienen una baja morbimortalidad por lo que deberían ser el tratamiento de elección sobre todo en pacientes jóvenes que requieren tomar a diario el tratamiento médico”.

DRA. ANA GARCÍA – CLOHED CIRUJANOS

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